Las mujeres que se encuentran en el Refugio que tiene el departamento destinado a la protección y contención de las víctimas de violencia de género realizaron una capacitación que ya cuenta con sus primeros resultados
Las mujeres que se encuentran en el Refugio que tiene el departamento destinado a la protección y contención de las víctimas de violencia de género realizaron una capacitación que ya cuenta con sus primeros resultados

Las mujeres albergadas en el Refugio que tiene Godoy Cruz destinado a la protección y contención de las víctimas de violencia de género realizaron una huerta agroecológica en esas instalaciones.
Autoproducción de alimentos, mejoramiento de la seguridad alimentaria y nutricional y fortalecimiento de sus conocimientos y capacidades productivas, sociales, culturales y organizativas son algunos de los objetivos que tenía la propuesta, que comenzó a desarrollarse en marzo, en el marco del Día de la Mujer, y ya tiene sus primeros resultados.
El curso y la siembra se desarrollaron sirvieron, además, como espacio de reflexión de las vivencias personales de quienes pudieron salir del ciclo de la violencia y compartir la experiencia de salir adelante.
El encuentro estuvo a cargo del equipo del Programa Seguridad Alimentaria de la Dirección de Desarrollo Social y contó con la colaboración de semillas del programa ProHuerta de INTA, junto a la Subdirección de Mujer, Género y Diversidad.
Además, disfrutaron de un momento de ocio, adquirieron herramientas para su desenvolvimiento personal y económico, que pueden utilizar cuando puedan retomar un proyecto de vida, ya libre de violencia. Este tipo de actividades recreativas que ayuda a transitar el momento de crisis que afrontan.

En el Refugio para víctimas de violencia de género, que está ubicado estratégicamente y protegido, las mujeres son ingresadas, evaluadas y acompañadas en todo momento por las profesionales de la Subdirección de la Mujer, Género y Diversidad, dependiente de la Secretaría de Desarrollo Humano.
La meta es que la experiencia de ingreso y permanencia en el albergue, signifique para las mujeres que sufren el flagelo de la violencia de género no sólo un lugar de resguardo a su vida y su integridad, sino que encuentren las herramientas para poder salir fortalecidas en lo personal y preparadas en lo social, y así proyectarse a futuro, sabiéndose respetadas, formadas y con autoestima.