La historia de Nani comenzó de manera inesperada. La perra, que antes era conocida como Negra, ingresó a un comercio de Godoy Cruz y despertó la preocupación de la encargada del lugar.
Ante esta situación, se comunicó con el Departamento de Tenencia Responsable de la Municipalidad. El equipo recibió al animal para resguardarlo y comenzó a trabajar en la búsqueda de su familia.
Fue entonces cuando apareció un dato clave. Al escanear a Nani, los agentes detectaron que tenía colocado un microchip y que sus datos estaban registrados en el Municipio.
Esa pequeña identificación permitió reconstruir rápidamente su historia y localizar a la persona responsable.
En este marco, el intendente Diego Costarelli valoró el rol de la vecina y la importancia de la participación comunitaria. «Agradezco especialmente a la comerciante que decidió llamar al Municipio, porque gracias a esa acción Nani tuvo una segunda oportunidad. Porque para que una sociedad progrese debemos pasar de ser habitantes pasivos a ciudadanos activos. De hecho, cuando la comunidad se involucra, aumenta la confianza social y se generan soluciones más justas para todos», subrayó.
El microchip permitió encontrar a su responsable
Los inspectores municipales se presentaron ese mismo día en el domicilio que figuraba en el registro. Allí comunicaron que Nani había sido localizada y explicaron el procedimiento correspondiente.
Sin embargo, una vez cumplido el plazo establecido por la normativa, nadie se presentó para recuperarla.
A partir de ese momento, se inició el proceso previsto para estos casos. Nani fue esterilizada y comenzó así un nuevo camino, esta vez hacia la posibilidad de encontrar un hogar responsable.
De Negra a Nani
Con el paso de los días apareció una nueva familia interesada en conocerla. El vínculo creció y Nani completó el proceso de adopción.
Así llegó el momento de comenzar una nueva etapa. La perra dejó atrás el nombre con el que era conocida y pasó a llamarse Nani, acompañada por una familia que asumió el compromiso de cuidarla.
Su historia tuvo un giro inesperado gracias a una herramienta que, aunque pequeña, resultó fundamental: el microchip.